Día internacional de la conservación de suelo


Andamos en movimiento todos los días. Caminamos, corremos, andamos en bici, en auto, en moto. Nos movemos. Y ¿qué vemos? Si tuviéramos que hacer una descripción de lo que nuestros ojos se encuentran con cada paso que damos, en ella encontraríamos los colores de las flores, fachadas de las construcciones, la mirada de una mujer, el correr de los niños, los perros ladrando, las nubes y sus formas. ¿Cuántas veces nos detenemos a mirar el lugar en el que estamos parados? ¿Cuántas veces, no solo miramos, sino que nos acercamos a reconocer ese suelo que nos sostiene? ¿Cómo entendemos el papel que juega el suelo en nuestra sostenibilidad?

Hoy, y desde 1963, se celebra el día internacional de la conservación del suelo en honor al Dr. Hugh Hammond Bennet, científico estadounidense que se dedicó a investigar la relación que tiene la calidad del suelo con su capacidad productiva, pues de los suelos depende la alimentación del ser humano y, por lo tanto, su supervivencia.Sin embargo, la urgencia de atender la conservación de los suelos trasciende la existencia humana en sí y nos invita a recordar que en los suelos se sostiene la biósfera de la cual formamos parte. Es decir, el propósito es aún mayor de lo que, quizá, en principio se consideraba.

¿Qué es el suelo?

Sobre el suelo sucede la vida: es sostén de los ecosistemas, naturales o artificiales. Pero si tomamos un puñado de tierra y lo miramos de cerca, nos daremos cuenta que en esa porción hay una mezcla de una gran diversidad de partículas de diferentes tamaños, colores y texturas; estas partículas pueden ser orgánicas (de origen vegetal y animal) o inorgánicas (restos de rocas que se convierten en arena, arcilla, piedras o grava). En realidad, el suelo resulta de la combinación de estas partículas con el aire y el agua bajo la influencia del tiempo, el clima y la topografía; sus características más relevantes son la estructura, composición química y permeabilidad

En el suelo tienen lugar un sin  número de procesos físicos, químicos y biológicos. Esto nos habla de que, aunque a simple vista no podamos reconocerlo, la vida también sucede e inicia en el suelo: según la FAO, en una hectárea de tierra fértil podemos encontrar más de 300 millones de pequeños invertebrados: insectos, arañas, lombrices y otros animales diminutos; mientras que en una cuchara de tierra pueden habitar un millón de bacterias y cientos de miles de células de levaduras y pequeños hongos.

¿Qué daña al suelo?

Son muchos los factores que promueven la degradación del suelo y muchos de ellos tienen que ver con actividades humanas. Algunos de ellos son:

  • Erosión. Este es un proceso que destruye la capa fértil del suelo, por lo que le quita su capacidad productiva. Los principales agentes que producen la erosión son el viento y el agua; sin embargo, algunas actividades humanas también la provocan, entre ellas, el uso de vehículos que lo friccionan.

  • Crecimiento urbano. El cambio de uso de suelo para la construcción de edificaciones y carreteras limita su capacidad productiva.

  • Contaminación. Principalmente por actividades agrícolas, industriales, minerales o comerciales, la contaminación termina con la vida en el suelo.

  • Traslado de detritos. Los detritos son residuos sólidos que provienen de fuentes orgánicas. Cuando éstos se trasladan a ciertos lugares y se establecen ahí, se sedimentan provocando erosión en el suelo.

¿Cómo colaborar con el suelo y la vida en él?

  • Sistema de producción agroecológica. Las prácticas agroecológicas pretenden vincular la sabiduría tradicional con los conocimientos y avances científicos para producir alimentos sanos y sostenibles.

  • Permacultura. Las prácticas de permacultura fomentan la cobertura del suelo y mantiene su estructura, su humedad, sus nutrientes con la constante fertilización; además, evita la compactación.

  • Captura de Carbono. Plantas con follaje abundante y verde favorecen la captura de carbono, esencial para el suelo productivo de buena calidad. De manera que asignar espacios para la captura de carbono no solo contribuye en la mitigación del calentamiento global, sino que puede tener repercusiones productivas, alimentarias y económicas favorables.

El Humedal renueva constantemente su apuesta por la conservación del suelo vivo mediante la aplicación de bioinsumos para el sano desarrollo del suelo, para la prevención de enfermedades, así como para el control de plagas. Para lograrlo hemos buscado diferentes formas de comunicarnos con el suelo y así entender cuáles son sus necesidades. Porque creemos que para conservar y cuidar hay que partir del amor, y no podemos amar lo que no conocemos.