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Caber en la palma de una mano y envolver más de la mitad del cuerpo del planeta: por nuestras venas corre el agua que corre por los ríos de la Tierra. Así canta para ser escuchada.

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Pero el agua no solo es esa que vemos correr en los surcos que se hacen en la tierra, o la que vemos caer sobre las copas de los árboles y escurrir sobre nosotros. El agua no es solo transparente, ni solo tiene un cuerpo. El agua es además el día y la noche de la vida: así como la lleva, la puede retirar. En el marco del día mundial del agua, todas las reflexiones sobre ella tienen lugar. Mirar sus múltiples caras nos ayudará a conocerla y a tener una relación más responsable con ella.



En El Humedal hemos sido testigos de esto desde que comenzamos el proyecto de ser partícipes en el proceso de regeneración de un suelo que había estado dormido. Porque para que el bosque viva necesitamos agua, y para tener agua es preciso cultivarla porque en Valle de Bravo llueve solo durante una temporada.

Cuando nos dimos cuenta de que para captar el agua que requeríamos para conservar nuestro sueño tendríamos que renunciar a una parte del bosque, nos dimos cuenta de que era mejor entender su ciclo e incorporarnos a él. Así, diseñamos un sistema que nos permitiera recibir así el agua de la lluvia como la del drenaje, y llevarlas por un proceso en el que eventualmente se encontraran y se pudieran reconocer como semejantes, parte de un mismo lugar, con un mismo propósito, y con un mismo fin.

Conocer los ciclos que tiene el agua que entra a El Humedal —que son los mismos que tiene en cualquier parte del planeta— nos ha hecho conscientes de que un mínimo acto de descuido puede resultar en una complicación dentro de todo el sistema, porque son las bacterias —nuestras princesas—personajes estelares en el proceso de limpieza del líquido vital: una sustancia equivocada puede acabar con ellas, y sin ellas no hay agua limpia, para empezar.

En segundo lugar, están nuestro humedal y el estanque profundo: ellos reciben, en ese orden, al agua que ha sido tratada para limpiarla un poco más por medio del ecosistema que ahí se desarrolló. El agua que corre por las venas de El Humedal y que llega hasta aquí es la misma que riega nuestro bosque y nuestro huerto, ¿qué tanto estamos dispuestos a cuidarla? Finalmente, parte de esta agua la terminaremos consumiendo en algún momento.

En el Humedal somos testigos de este acto que representa en lo micro, un proceso que sucede en gran escala. Y tú, ¿qué uso das al agua que eventualmente consumirás?

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