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Las lombrices son los artrópodos más abundantes en el suelo, aparecieron aproximadamente hace 600 millones de años. Recientemente han tomado importancia para los ambientalistas y, sobre todo, para los agricultores y amantes de las plantas.

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Por Héctor Elazar



En el antiguo Egipto eran consideradas animales sagrados por los beneficios relacionados con la fertilidad en el Valle del Nilo. Aristóteles las nombró “los intestinos de la tierra” por su alta capacidad para digerir los materiales que hay en el suelo, y Darwin escribió un libro en donde enuncia los hábitos y su importancia para la formación de tierra vegetal; en él menciona que probablemente en la historia natural no hayan existido otras criaturas con una organización tan simple y con la capacidad de jugar un papel más importante. Estos animales tan pequeños son capaces de otorgar sustancias altamente nutritivas para las plantas, de forma que su abundancia permite mantener al suelo vivo.



Las lombrices no tienen dientes y mucho menos ojos, pero son capaces de moverse bajo la tierra guiadas por el tacto, el gusto y el olfato. Tienen un aparato bucal con el que pueden ingerir materiales húmedos y en descomposición mediante succión; así, llegan a comer lo equivalente a su propio peso al día y a defecar el 60% en forma de excreta o humus. Curiosamente tienen 5 pares de corazones y 6 riñones, huelen y respiran mediante la piel, además de que cuentan con múltiples órganos nerviosos que funcionan como cerebros. Son tan sensibles a la luz directa del sol que, si están expuestas a ella, pueden morir en cuestión de minutos. Sin embargo, su capacidad reproductiva es muy efectiva ya que son hermafroditas, es decir, tienen aparatos sexuales masculinos y femeninos (aunque no se pueden autofecundar): nacen mediante pequeños huevecillos.



En el mundo existen diversas especies de lombrices y se encuentran en casi cualquier ecosistema, excepto en los extremos polares (prefieren zonas templadas y tropicales). Para fines prácticos, podemos identificar dos tipos de lombrices: la silvestre o común y la doméstica o roja californiana. Si bien tienen la misma función en el suelo, cada una tiene una longevidad distinta, así como hábitos alimenticios y reproductivos particulares.



Las lombrices silvestres con frecuencia se encuentran bajo troncos caídos, jardines, macetas y bajo el césped: de día se mueven bajo el suelo y crean pequeños túneles que favorecen la aireación y retención de agua, abarcando un área de exploración de hasta un metro de profundidad; mientras que de noche suben a la superficie para depositar sus excretas.



En el mundo de las lombrices destacan las rojas (Eisenia Foetida), originarias de Europa y cuya vida puede extenderse hasta 15 años (a diferencia de la otra que logra vivir tan sólo 4 años) y que, además, logran mantenerse en espacios reducidos con alta densidad de población. Estas lombrices han demostrado, desde hace más de 70 años, ser muy efectivas en la degradación residuos orgánicos urbanos sólidos y estiércoles animales.



El humus representa la fracción más estable de la materia orgánica y, aunque no es exclusivo de la lombriz (pues se encuentra en el suelo, el estiércol y también en la composta), el que ésta produce se caracteriza por concentrar minerales altamente disponibles para las raíces de las plantas, por estar libre de microorganismos patógenos y por ser rico en ácidos húmicos y fúlvicos que estimulan el desarrollo vegetal.



Actualmente se conoce como “lombricultura” a la actividad de mantener la crianza de lombrices rojas (Eisenia Foetida) en bancales, cajas, tambos o lechos, y alimentarlas constantemente con diversos materiales como cartón, cáscaras de frutas, estiércol de ganado precomposteado y composta madura, para que ellas lo conviertan en un abono orgánico de alta calidad.



La lombricultura es una técnica agroecológica que no exige conocimientos extremadamente especializados o profundos, controles estrictos ni infraestructura sofisticada: para entrar en su mundo tan sólo necesitas un contenedor adecuado, lombrices rojas, compromiso y paciencia.



Un profesor solía decir que la composta y el estiércol son un dulce o caramelo que podemos comer sólo si quitamos su envoltura, y que el humus de lombriz es un caramelo sin envoltura, listo para comer.



Te invitamos a valorar el uso de lombrices para reciclar los desechos orgánicos en tu propia casa.

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